Un siglo después de la muerte de Antoni Gaudí, Barcelona vivió un hito histórico. El papa León XIV consagró la Torre de Jesucristo, el punto más alto de la Sagrada Familia, convirtiendo oficialmente a la basílica en el templo cristiano más elevado del mundo. Ante la mirada de los reyes de España y el presidente Pedro Sánchez, el pontífice bendijo la imponente cruz de 172,5 metros que corona una obra que ha tardado 142 años en completarse.

La ceremonia alcanzó su clímax al anochecer. Tras una misa ante 4.000 fieles, la gran cruz revestida de 15.000 piezas de cerámica se iluminó de un naranja vibrante, mientras drones dibujaban el rostro de Gaudí en el cielo catalán. "No habitamos una obra inacabada, sino un templo en construcción; su imperfección es una promesa", reflexionó el Papa durante una homilía que vinculó la arquitectura con la fe.

Sin embargo, la jornada no estuvo exenta de contrastes. Antes del brillo de la basílica, León XIV visitó la cárcel de Brians 1 para llevar un mensaje de esperanza a los internos, y la Abadía de Montserrat. 

Allí, el júbilo por el milenario del monasterio se vio empañado por las protestas de víctimas de abusos eclesiásticos, una "llaga abierta" que el Papa reconoció como una asignatura pendiente de la Iglesia.

Lo primero que hizo León XIV apenas descendió del papamóvil fue alzar la mirada hacia la torre de Jesucristo, la última que, con sus 172,5 metros, se sumó a la Sagrada Familia. “Somos las piedras vivas de esta obra que tiene a Cristo como culmen”, dijo León XIV en su homilía.

“La basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino”, agregó el papa.